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viernes, 25 de octubre de 2024

DETÉN LA OBSCURIDAD


“¿POR QUÉ SIEMPRE ME DEJAS MARIANA?”



No puedo ni recordar lo que me hizo, pero ahora duerme. Parece muy tranquilo, está soñando. Cuando termina se duerme sobre mi pecho, respira muy profundo, suspira y se duerme, casi que se desmaya. Se ha vuelto un hábito de Él, yo resisto lo más que puedo, pero hoy me sienta mal sentirle el latido del corazón sobre mi vientre. Hoy no puedo. Me duele demasiado el corazón como para soportarle, con todo su peso sobre mí. Trato de retorcerme un poco para que se mueva, poco a poco se desliza un tanto hacía un lado. No es suficiente, Él es mucho más grande, alto y pesado, yo siempre fui más pequeña, siempre más débil y encima un tanto torpe, no puedo contra semejante fuerza, no pude buena y sana, menos ahora enferma, hambrienta y débil. Todo este tiempo aquí dentro ha hecho una mella profunda en mi cuerpo.

La oigo, puedo escucharla, muy quedito y está muy lejos, aún así la escucho, sollozando, lamentándose. Entiendo, aquí dentro no hay como dejar de lamentarse, todo es sufrir, hasta en la muerte. En cierto modo es igual que afuera, la vida se va en llorar, en perder, en dolerse. Yo he perdido tanto de mí que, si viajara en el tiempo, mi yo niña no me reconocería. A veces siento que yo siempre estuve condenada, pasé por una serie de cosas una y otra vez, tragedia tras tragedia. Es una maldición, llegué a esa conclusión cuando murió Javier. Ahí sentí que me habían arrebatado todo, pisaba y no sentía tocar el suelo, era como flotar, sentía el estómago muy lejos, se vencieron las rodillas no bien me dijo mi papá: “está muerto, Javier está muerto”. De lo que pasó después no me acuerdo, ya sólo me quedan recuerdos del funeral. Todo pasaban muy rápido y yo veía todo como desde lejos. La boca me hacía ácida y seca, no podía ni tomar agua, mi mamá no dejaba de llorar y a mí papá le escurrían las lágrimas hasta el suelo. Todos los que pasaban me decían: “ya está con Dios, está en un lugar mejor mija”. Como si eso me fuera hacer sentir mejo o remediar algo, no, todo estaba roto, irremediablemente roto. 

Encima de mi dolor, tuve que fletarme el martirio de que todos me dijeran cuánto les importaba Javier y lo mucho que iban a estar ahí para mí. Mi tía Nilda se llenó la boca diciendo que él iba a ser un gran artista, cuando pasó años haciéndolo menos, burlándose. Llegaron Josué y sus papás, hasta me abrazaron, casi se me sale una risa cuando Josué me dijo que podía recurrir a él para lo que fuera. Pablo no se separó de mí en ningún momento, todo el tiempo haciéndose el buen hijo, preparando café, trayendo pan, ayudando a mi Abue, consolando a mi mamá llorándole a Javier sobre el ataúd. A la noche yo me quedé a dormir en el cuarto de mi tía Concha porque ya no tenía fuerzas, cuando recobré consciencia ya lo tenía sobre de mí, él ya ni traía nada de ropa, ahí se le olvidó todo lo del buen hijo, todo lo amable y dadivoso que era, para hacerse de mí en un momento tan doloroso no tuvo empacho. Todavía tuvo los huevos de decirme: “es que así yo te demuestro mi amor” antes de vestirse y salir caminando sin un ápice de vergüenza.

No hay más que llorar, no hay más que sufrir, te entiendo Fantasma. Yo finalmente después de estar horas arrastrándome bajo de Él, puedo liberarme, me impulso como puedo hasta la esquina más lejana del cuarto, cuando siento que me jala violentamente por el tobillo, me grita: “¿Por qué siempre me dejas Mariana? ¿por qué nunca quieres estar conmigo?” Él se larga a llorar, lo intenta, pero no puede contenerse y yo lo intento y tampoco puedo, lloro con Él y el fantasma con nosotros.

Él se acerca conmigo, me cobija y me abraza.

Lloramos. Los tres lloramos.

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DETÉN LA OBSCURIDAD I

viernes, 11 de noviembre de 2022

CARTAS A MARÍA: CARTA DIECISIETE

 

 

Carta 17

Septiembre 2

Pasé por la panadería María, vi; por la ventana, que tu mamá estaba colgando un retrato en la pared de atrás. ¡Lo vi María! O acaso la habré visto, no tuve las fuerzas de pararme a preguntar. Las mejillas rosadas, los ojos claros, los tres lunares a un lado del ojo derecho y los hoyuelos en los cachetitos redondos. Un vistazo momentáneo y lo supe. Esa luz en la sonrisa es inolvidable, esas pestañas largas y los chinitos acaramelados. Fue un dolor, un pesar bien extraño.

Primero que nada, la imagen me golpeo bien abajo en las entrañas, se me fue el aire y sentí que me estaba petateando. Pero ver esa sonrisa, esa luz tan cálida que no he podido borrar de mi memoria, me hizo sentir… alegría.

¿Cómo me atrevo yo a ponerme feliz por él, o ella? Quien me lo robó todo. El futuro, la vida, el amor de mi vida, mis sueños. Todo se desvaneció en polvo en cuanto vi su sonrisa. ¿Todo mi dolor, todo mi llorar, valen esa sonrisa? Mi impulso primero y egoísta es pensar que no, que esa bolita de manteca no vale un solo día de mi tormento, pero no pude sostener eso en mi cabeza mucho tiempo, ni dos minutos. Porque la realidad es que, sí, esa sonrisa, ese futuro brillante, esa buena y tranquila vida que le aguarda, sí vale todo. No sólo mi dolor, mi soledad o el corazón roto que me cargo a cuestas. Vale las estrellas, el sol y la luna. Vale todo. Si fuera mío, o mía, yo me hubiera inmolado a mí mismo sin preguntarle a nadie, con tal de asegurarle todo aquello que, ahora tiene seguro.


Volví a mi casa y vi todo con otros ojos, la casa puerca como chiquero, todo derruido, cubierto de polvo, el olor a humedad y a viejo borracho. Ese querubín no podría vivir aquí. Me sentí avergonzado, me sentí apenado de mí mismo, del caos en el que me he revolcado todo este tiempo. Yo no podría ponerle la misma sonrisa en la cara, ni alimentarle bien, ni cuidarlo como se debe si se enferma. No puedo ni mantenerme en pie yo.  Todo lo que gano me lo bebo, a penas como y no me he puesto ropa nueva desde que un año antes de que te fueras. No me acuerdo de la última vez que me bañé bien, con agua caliente, puro chorro de agua fría para bajarme la borrachera.

 

Creo que ésta es la primera vez que lo veo María, puedo por primera vez entender las razones que tenías cuando te fuiste.

 

Juan.

CARTA UNO

CARTA ANTERIOR


lunes, 8 de agosto de 2022

CARTAS A MARÍA CARTA DIECISÉIS

 


Carta 16

8 de Agosto

Después de mucho tiempo, después de creer que ya te había dejado atrás, anoche volví a soñar contigo María, volví a llamarte, volví a rogarte, volví a anclarme desesperadamente de tu falda. Tenía que competir contra él, por recuperar tu amor. Yo, en mi estado actual, más cadáver que persona, arrugado y desvanecido, contra él, fuerte, joven, rico, con dientes blancos, sonrisa carismática y el mundo por delante. Perdí de nuevo, perdí una y otra y otra y otra vez, cada día que pasa sigue el evento de perderte constantemente, de dolerme tu ausencia, de repasar los tenues lunares en tus mejillas rosas, de ahogarme en el suéter que dejaste olvidado en la silla, para sentir que al menos en esas diminutas partículas de ti, aún te encuentras conmigo.

Es que yo ya no soy nada de la persona que tú creías que yo era. Sin ti, sin tu sonrisa cálida y tus brazos abiertos, yo sólo soy una pila de cenizas que no termina de desmoronarse. ¿Es que dime, cómo se cura uno de la adicción a ser feliz?



¿Me piensas, aunque sea un poquito? ¿Te duelo aunque sea casi nada? ¿Queda algo de mí, ahí en un rincón de tu memoria? Porque yo sufro todos los minutos del día, cuando trato de tomar tu mano y caigo en la cuenta de que no estás ahí y más nunca estarás.  Se me hace pedazos la vida, una y otra y otra vez. Por más rabia que tenga, por más que llore hasta que las fuerzas se me acaban, no puedo ni odiarte, no tengo ni el consuelo de guardarte rencor, de ahogar tu recuerdo en odio y resentimientos. Cada que me viene a la mente destrozar tu recuerdo con amarguras, me llega la visión de tu sonrisa, de todos los besos que nos dimos, del brillo de tus bellos ojos mirándome únicamente a mí y por unos pocos segundos me regreso a ser el rey del mundo, parado en la cima más alta. Y luego me vuelvo a caer, azoto contra el suelo escarpado perforándomelo todo. Y muero, sí que me muero repetidas veces. Lo que queda de mí, no es más que ceniza, sangre y lágrimas violentas, no hay sueños, no hay risas, sólo la tierra estéril de lo que alguna vez fue un hombre, el hombre al que tú amabas.

Si de algo a nada ha valido mi existencia, es que, de todos los mundos, de todas las líneas temporales que han habitado el tiempo, de todas las vidas que pude haber vivido; tuve la gracia, la fortuna de coincidir contigo, al mismo tiempo, en el mismo mundo, y no conforme con eso, tuve la inmensa dicha de amarte y que me amaras. Hay millardos de millones de hombres en este mundo, hombres mejores, hombres más ricos, más inteligentes, y definitivamente mucho más guapos, pero ninguno, óyeme bien, ninguno ha tenido la dicha de ser amado por ti. Ni siquiera el hombre con el que vives hoy, el que puede decirse tu marido, el padre de tus hijos, el que duerme a tu lado todos los días. Y esos, es la propia tragedia de aquel desdichado, que, en su batalla contra mí, ha perdido mucho más, de lo que yo jamás podré perder, porque yo te tuve alguna vez María, te amaba y me amaste, tú me amaste.

Juan.

CARTA ANTERIOR

PRIMERA CARTA

lunes, 14 de junio de 2021

CARTAS A MARÍA, CARTA QUINCE

 




Carta 15


24 de Mayo

Anoche soñé que me moría, soñé que me estaba desangrando a un lado de un nopal arriba del monte. No había nada ni nadie cerca. Hacía mucho calor y me ardía el pecho, de mi pecho manaba la sangre como riachuelo. Me sabía la boca a fierro, mis manos estaban adormecidas y me escurría un sudor sucio de la frente a los ojos. En lo alto del cielo se escuchaban los graznidos de los zopilotes que ya se saboreaban los jirones de mi carne. El sol quemaba mis pies descalzos que no tenía la fuerza para mover, el aroma era de arena seca, de sed y de muerte. Sentía ganas de toser, pero no podía, tenía las narices rellenas de tierra y sangre. Trataba de arrastrarme a la sombra del nopal y no pude. Pude sentir como las fuerzas se me iban y como me iba haciendo nada, me andaba como durmiendo, pero me moría. Se me quitaba el calor y me empezaba a dar frío, entonces desperté.



Medio tristeza de darme cuenta que sólo fue un sueño y no me morí ni nada. Ni siquiera la fortuna de andar crudo me fue concedida, me tuve que levantar con mis propias fuerzas y hacerme de huevos para meterme a bañar, rasurarme, para vestirme e irme a trabajar.

Estaba encabronado María, encabronado de tener que despertar otra vez dentro de este cuerpo y con el alma rota. De tener que aguantar el pasar de los días sin verte, sin tenerte para mí, sin escuchar tu voz. Ya sólo queda en mis adentros una rabia incontenible.



Escalaría todas las montañas que nos separan con tal de verte a lo lejos, pero ¿de qué serviría? Estarías en sus brazos, sin saber siquiera que yo me encuentro ahí, te miraría en sus brazos y si lo veo lo mato ¿Me oíste? ¡Lo mato! Que bastante tengo con que te haya llevado, con que es perfecto hasta su puta madre. Sus ojos, su cabello, sus dientes alineados. Su estúpida sonrisa de niño bonito. Que ha viajado a España, que sabe hablar inglés, que si estudió carrera en Texas, hasta el maldito perro del muy hijo de puta es como sacado de una revista.

¿Enserio eso quieres María? Una vida acartonada y tiesa, sin sonrisas sinceras, sin caminares en día de lluvia, sin flores de milpa ni día de mercado, sin secretos entre los callejones, café de la plaza, sin besos al atardecer. ¿enserio todo eso te da lo mismo?



Sé que te decepcioné y que no fui lo mejor, sé bien que el fin se veía venir porque tú brillabas demasiado. Tal vez se acabó para ti, pero mi amor es un rumor enraizado en la tierra, se queda a través del tiempo en los latidos del viento, el cantar de los pájaros y en las lágrimas de todos los amantes. Te lo juro, te lo juro por todo lo que es bueno en este mundo; él jamás, jamás ni en cien años de estar contigo te amará como yo te amo en un simple parpadeo. Su cariño es el tibio fulgor de una lámpara y yo te amo como si el sol explotase sobre el mundo.

 

Juan.

jueves, 27 de agosto de 2020

CARTAS A MARÍA CARTA CATORCE

 




Carta 14

8 de Mayo

Hoy no me desperté sudado, ni llorando, ni con la garganta seca. Hoy no me hizo molestia el cantar de las gotas de lluvia en la ventana. Mi vida se volvió desierto, pero ahora me parece María que sólo se hace silencio. A lo mejor por fin se me ha hecho un callo grueso en la boca del ardor que ha dejado el siniestro dulzor de tu aliento sobre mis labios. Por eso puedo beber del fuego de tu recuerdo esta mañana, porque ésta mañana el sonido de tus pasos al subir al tren me suena menos a plomo y más a nube. Ya tengo un callo para que no me haga pedazos.

Aunque tu fantasma insista en perseguirme a lo largo del día ¿cómo me doy a entender? Aunque tu fantasma me persiga incesantemente; al menos tu fantasma es un poco que puedo conservar de ti. De los momentos que corren por mis venas y del aroma de todas tus sonrisas de verano.





Es lo que me queda de ti María: tu fantasma acosándome a lo largo de las horas. Llenando mis noches de terrores y angustias, mis sueños de pesadillas y mi vacío de ti… con un poquito de tortura, que de cierta manera es tuya. Yo volvería hacerlo todo, todo una y otra vez María. Las metidas de pata, las peleas innecesarias, las escapadas y aventuras fuera de tu ventana. Esas reuniones secretas atrás de la panadería y todas las mentiras que tuvimos que decir para seguir bebiéndonos los labios un poco más. Yo volvería a vivirlo todo, incluso volvería a verte subir a ese tren con tal de besar tus labios una vez más, me arrastraría por este infierno de nuevo si eso me diera la bendición de tenerte en mis brazos. Pasaría por esto mil veces si con eso te tuviera cerca un poco más. Tenerte a ti y no únicamente el espectro fantasmal de todos los sueños que murieron cuando te fuiste, las almas de los hijos que no tuvimos. Se siente como un costal de carbón que llevo a cuestas colgado al cuello, oscila entre la ira y el pánico, pero jamás lo puedo desamarrar. Siento que soltar ese peso es como soltarte a ti. Es dejarte atrás. Yo no puedo dejarte atrás. No puedo desprenderme de ti y así tenga que verte subir a ese tren cien veces yo no te suelto. Estás en mí, en mi mente, en mi aliento, en la luz de mis ojos, en la sangre que corre de mis labios, en mis pesadillas y en cada poro de mi piel. ¿Cómo se arranca uno el alma de la noche a la mañana María? No se puede.



Yo me quedo prendado de tu fantasma y tú haz de andar viviendo la vida de reina ricachona con todos esos cachivaches que yo jamás podría comprarte con mi sueldo miserable de periodiquero. Vas a tener hermosos niños con mejillas sonrosadas que jamás tendrán sus pantalones parchados y calzones remendados. Que no andarán descalzos brincando en charcos de lodo después de las lluvias de verano. Que no comerán un bolillo remojado en chocolate, porque no alcanza pa otra cosa; cuando el invierno cala frío. ¡Qué van andar sabiendo tus hijos de la renta! De que no hay agua o que hay que prender el fogón.

Juan

viernes, 21 de febrero de 2020

CARTAS A MARÍA: CARTA ONCE

Carta 11
8 de Abril


El duelo de perderte ha convertido toda música en silencio. Me he vuelto una máquina que se mueve al ritmo de la obligación. Ni sé por qué, me levanto, me visto, me trago mi tortuoso alimento, voy a trabajar, regreso a casa me tomo el aguardiente y hago como que me duermo.

 ¿Qué hago con la vida que me queda?

Hoy pasé por tu ventana, na más pa torturarme. Te esperé mirando la ventana, esperaba la salida del sol detrás de las cortinas. Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que yo morí el día que te fuiste y yo no estaba ahí parado. Qué dulce sonido, el de la botella de aguardiente vacía al estrellarse contra el piso. Qué bella mirada fija, la del miedo doloroso sentado en mi silla de la cocina. Qué cálidos los besos de mis lágrimas que fluyen todas las noches. 


La vida pintaba mejor cuando me amabas María, porque había vida. Ahora no hay nada, las estaciones pasan y las horas se hacen polvo. El océano tempestuoso que hay entre tú y yo se embravece. Yo respiro y respiro cada vez más hondo, como si así me doliera menos. 

¿Quién te ha dicho que tienes ese poder María? ¿Quién eres tú para decidir si sale el sol? ¿Desde cuándo tu sonrisa es autoridad para la luna? ¿Quién te crees para echar toda mi vida a la basura subiéndote a ese tren? 

Es cierto, eres tú y tú lo eres todo. Eres la luz del sol, el aire y el agua. Toda la vida en la tierra y el cielo. Eres el regalo divino a la tierra, vaya que fui afortunado. 

Todavía no puedo con esto María. De verdad no sé cómo le hace la gente, para seguir caminando como ganado, para irse a hacer como que están viviendo. La cantina me parece un paraje tan extraño, tan feliz e idílico que se me hace insoportable, ya mejor me debería matar para que en el panteón ya no me torturen las preguntas que viven en mi cabeza. 

Desearía poder hablarle al amor que te tengo, gritarle y reclamarle. Decirle que ya por fin me deje solo, si se niega le azotaría la mollera contra la pared una y otra vez y otras más hasta que el cráneo se le hiciera añicos como los de mi corazón. Lo cortaba en pedacitos y lo enterraba debajo de mi catre. A lo mejor así me dormía en paz pensando que ya no te amo.

Juan
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CARTA UNO

martes, 28 de enero de 2020

CARTAS A MARÍA: CARTA DIEZ



Carta 10

20 de Marzo

A lo mejor tengo que conformarme, te tuve y fuiste el sol; no cualquiera. Nuestras primaveras fueron las más bellas y hasta las más terribles peleas eran dulce néctar de rosas a tu lado. Ahora me quedé como trapo sucio arrumbado en la oscuridad de la nada pero tuve mis días de gloria. Imagínate a toda esa gente que jamás te tuvo en su vida, que no conocen la luz y el calor. Esos que no saben cómo es besar el aroma de las flores y el claro de la mañana. Yo tuve mucho más y no fue para siempre pero fue mío, instante de éxtasis y notas dulces de flautín.




Me quiero morir, hoy igual que todos los días. Pero hoy me doy cuenta de que fuiste mía, por casi nada pero mía, para mí, como mi sangre, como mis ojos y mis manos. Yo no soy nada, ya me había dado cuenta y lo que me hizo alguien fuiste tú. Me acuerdo que hasta la gente nos miraba como con admiración y envidia. Nadie me ha vuelto a ver así. Un día  Don Melcho me dijo en la cantina que  por qué no te olvido.

¿Cómo se borra a alguien de la vida María? ¿Cómo se le quitan a uno esas ganas de respirar el aire?

A lo mejor y si me muero al final de todo pero no me voy a morir porque quiera, me muero porque el aire en mi pecho se fue a vivir con un ricachón. A vestirse de novia y en nombre de Dios; darle los hijos que yo quería para mí. Mis hijos.
¡Es que no puedo María! No, de verdad no. Ya me quedé sin aire y sin sonrisas. Tú dime cómo María.

¿Cómo haces tú para tragarte todos los años que pasamos juntos y hacerlos nada?

Hay un universo entero separándote de mí, a pesar que te quiero, que te necesito y me haces falta para vivir. A lo mejor no me quieres ya, estoy seguro de que algún día me amaste. Me voy a morir sin ti y tú habrás de vivir tu vida bien bonita.
Mereces algo mejor, mereces el mundo entero María. Ahora lo tienes. Yo no tengo nada que no sea dolor y aquí me quedaré a no ser más que trasto desgastado que se pudre en el  rincón.

Juan


CARTA UNO
CARTA ANTERIOR

miércoles, 13 de noviembre de 2019

CARTAS A MARÍA: CARTA NUEVE





Carta 9

12 de Marzo

Ya me olvidaste María, he desaparecido. Tú  eres eterna, como la luz del sol. Te fuiste para no volver y tengo que hacerme a la idea. El sol no se percata del gusano que muere quemado por su calor. Tú no sabrás cuánto dolor me causo tu ausencia. Quisiera volver en el tiempo y morir ahí entre tus brazos, todos seríamos felices.

El tiempo sigue y sigue,  sin ti no soy nada. Polvo arrastrado por el torbellino de la realidad. No hay ni día ni noche María, ni luz ni sombra. No hay nada, absolutamente nada. La comida es una tortura una y otra vez, el aguardiente ni quema. Qué vida es ésta, donde el aguardiente no sabe a nada, no duele, no cala ni quema. 

A las gardenias se les acabó el perfume y el amanecer no amanece, se murieron todas las macetas de mi cuarto, si me baño el agua no está ni fría ni caliente. Ayer Marcela la de la cantina de Pancho me regaló un tequila, creo yo que por lástima, me lo tomé  y no me hizo nada. Marcela me vio con lástima y se fue. Cinco meses, cinco días, cinco horas que no he conciliado sueño sin tormentas. Las golondrinas de la madrugada están solas sin nosotros y nuestros besos. Tus labios son puñales espinosos en mi mente. Lo entregué todo, a qué quiero que vuelvas si te llevaste todo de mí.


El silencio de tu voz en mi vida me llena de amargura, miseria y tormento son mis compañeros en casa.

Esos hijos que no tuvimos hubieran sido hermosos, con tus ojos, con tu sonrisa, con todo tuyo y mi nombre me hubiera bastado. Creo que hasta para esos hijos es mejor que me dejaras, aunque no lo creas yo eso pienso. Esos hijos que casi fueron míos  serán más felices en una casa con muchos cuartos, con baño y con radio por las tardes. Hasta van a ir a una buena escuela, quién quita y a lo mejor se van a San Diego a estudiar para ser gente de bien. Aquí no más de chalanes de barrio, ese era su destino.

Yo creo que si yo fuera tú, también hubiera pensado en eso. A lo mejor lo hiciste por esos hijos María, esos hijos que míos o no siempre serán tuyos. Con tus ojos y sus pestañas, con la sonrisa de alba en el cielo.




Juan

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 CARTA UNO

CARTAS A MARÍA: CARTA OCHO





Carta 8
26 de Febrero
Vi a tu hermano Paco hoy, me rehuía  pero no le quedó más que pasar frente al periódico. No sabía ni como mirarme a la cara porque él sabe que yo lo di todo. Tú y tu madre me lo arrancaron de las manos y lo pisotearon en el suelo, cada que paso por la panadería sé bien que le escupe a las migajas embarradas en el suelo que solía ser mi corazón. Paco nunca fue mi amigo pero es hombre de palabra, yo sé bien que siempre pensó que un monstruo le arrebataba a su hermanita, a la princesa que debía proteger. Paco fue capaz de ver el valor del amor que te tengo, aun así no fue suficiente ¿verdad o no? Paco me vio y en su mirar me di cuenta de que algo de razón he de tener, porque no me mira con la soberbia del que sabe que está del lado correcto.

Hoy llovía cuando llegué al periódico y me topé con él, la lluvia le daba a entender lo que sentí. El cielo nublado se ve vacío. Sin tus ojos ya no hay más luz que la del candil de la calle. Me miró y sin tener a dónde más hacerse na más me dijo “Adiós Juan”.
A lo mejor a todos ustedes les convendría que yo me muera, así no tendrían recuerdo incómodo de lo que hicieron mal. Ya no les pesaría ver el ánima en pena; en la que me he convertido, vagando por las calles sin consuelo, es mucho para cargar en su conciencia.

¿Eso deseas mientras te encuentras contenta en tu casa María, que yo me muera?
Y yo aquí cual pendejo amándote, aferrado a pesar del tiempo y la distancia, aferrado a la esencia de tus ojos, al perfume de tu alma.
Esa sonrisa tan tuya que ilumina el universo, sé bien que serás para él trofeo brillante y hermoso, que él  te quiere pero también sé que no te ama, eres propiedad y premio. Para mí María, eres el universo entero. Antes de ti nada y después de ti sólo la muerte.
Te amo

Te voy a amar siempre, lo sabes.
¿Me odias aunque sea un poco?
Por lo menos al odiarme quiero creer que no me olvidas.

Juan.



CARTA UNO

jueves, 7 de noviembre de 2019

DETÉN LA OSCURIDAD


EL LABERINTO



He estado aquí entre tres y cuatro meses. Lo calculo a medias por mis periodos menstruales, pero me he deteriorado mucho así que es probable que este mes no lo tenga. Además, él lo detesta y suele ser aún más cruel que te costumbre en esas ocasiones. El resto del tiempo lo calculo por las veces que nos trae de comer. Una vez al día y cuando estamos heridas, dos. También estoy segura de que nos inyectó algún tipo de anticonceptivo cuando recién nos trajo. Yo podía sentir el pequeño ardor y un absceso en mi nalga cuando desperté, estoy segura de que no lo tenía antes y considerando que no me he embarazado a pesar de las violaciones me hace creer que eso era.

Hoy desperté escuchando un lamento extraño. Entre llanto y suspiro, pero muy bajo, se percibía muy cerca como para ser Martha, cuando escucho llorar a Martha es diferente, ya me sé sus llantos de memoria y esto fue distinto ¿Será el fantasma de Paula que ni en la muerte encuentra manera de salir? ¿Acaso será Mariana? Mariana lleva un buen tiempo entrando y saliendo de mi mente. Quién es o era, fue una de nosotras tal vez; atrapada en el laberinto de oscuridad que poco a poco se disuelve hasta empapar cada pasillo de la mente. Quizás es alguien de su pasado y por eso él la piensa aún ahora, una novia a la que quiso o alguien que le gustaba. Él no acabo en esta situación así porque sí. El laberinto de oscuridad lo cubre a él tanto como a las paredes que me rodean. ¿Quién era antes de convertirse en este monstruo? Todas éramos personas muy distintas antes de esto.  A Paula el encierro le arrebató todo instinto de autoprotección, la convirtió en una masa temblorosa incapaz de nada, finalmente en absolutamente en nada. Martha era bastante decidida y creo que en su esfuerzo por sobrevivir se ha vuelto como un ratón, moviéndose a hurtadillas para no ser detectada, pero haciendo el intento de apelar a la poca humanidad que pueda tener él. Creo que de cierto modo le funciona porque la prefiere, aún le es útil y mientras le sea útil no la va a matar.


Yo, yo por otro lado a duras penas puedo recordar quién fui antes del secuestro. Mis recuerdos se van haciendo lejanos y borrosos. Hace un par de días sin ningún motivo estaba pensando en mi departamento. Mi preguntaba si alguien habría ido a buscar pistas después que desaparecí, en ese momento me di cuenta que, no me acuerdo ya de mi propia casa. Mis cosas y mis muebles están muy tenues en mi mente, no sé si estaba en el segundo o el tercer piso. Tampoco me acuerdo de mi cama. Estuve divagando por horas tratando de recordar el nombre de mi gato, en cierto punto me caí en cuenta de que yo no tengo un gato. Tuve uno, pero se escapó poco después de que murió Javier y jamás volví a tener mascotas. Estoy tanto tiempo atrapada dentro de mi mente que las ideas se van torciendo, se hacen nudos y se empapan de negrura. No sé quién era yo ni lo que quería, qué cosas me gustan y cuáles no, cómo se llamaba mi gato y qué iba hacer el día de mi secuestro, cuánto tiempo había pasado sin ir a ver a mis papás, cuánto más sin salir con un hombre, cómo era cuando niña, cómo era antes de la muerte de Javier.
¿Acaso yo soy Mariana?
Y si no ¿por qué él me llama así? ¿por qué su fantasma atormentado viene a sollozar en mi oído por las noches?
PARTE 1
PARTE 2

miércoles, 3 de julio de 2019

To my missing friend


To my missing friend

Who suddenly vanished.


Here I lay, drowning under uncertainty. Where have you gone? How have you been? “keep searching” whispers my mind in the middle of the night “He might be out there” is unbearable, simply unbearable. My thoughts are labyrinths of tangled memories and doubt. I hear your voice in the dark calling for my help, but is it like that? It haunts me. My eyes get filled with tears but I never get to cry. 

Am drowning dear friend of mine, am drowning! The horizon of fresh air is ahead, I swim up desperately but each time I get dragged down into the darkness. Where? How? When? Dragging me down over and over again. I have no means to find answers and yet stop searching for you, admitting you’re gone for good is way more painful simply because “what if?”. What if you’re really crying for my help? What if you are lost in your own darkness too? What if you’re waiting for me to find you and I just give up? I can’t, I can’t let you on your own knowing that something horrible could have happened to you.

 Uncertainty has me numbed and I reach my hand to find you in the dark, I keep forgetting you’re no longer there. What if you’re still out there waiting for my help? What if you desperately need to be found? I just cannot let it go.  Each and every day I have to pick up pieces of me scattered on the floor, I lose a bit of myself each time. I crumble, impotent and enraged, but always silent; am already tired of yelling and yelling, calling your name to the infinite void. You’re were there, right there in front of me and then a blink and you were gone. Do you feel cold? Do you cry a lot? Do you feel lonely? Is it possible that you have decided to simply leave us and live a new life? I wish it was that you left to start all over again, that would mean that you’re safe, that would mean you didn’t suffer when you left. I rather it a million times than the thousand possibilities left.

 Heavy as iron shoes I hear it in the back of my mind “Did you die?” No, no, no, NO! Please don’t let it be true. Not without a proper goodbye. Not like this, lost in the unknown. I wish I could know; did you travel the starts to grown roses in asteroids? Do you think of me? 

This is a curse, a bloody curse! Every night I wake up from the nightmare of feeling you will never come back, afraid that one day I will forget everything about you. Your sad looking eyes, your half smile and the way you talk, the sound of your laughter and the scent in your coat. I don’t want to; it would be to be ripped off from you again. Am trapped in the warrens of my very own mind, searching and searching for answers to the lead questions I drag up the road. Did I let you down? Could I have done anything to prevent this? Could I have said something to change the whole path of destiny? Did you even care at all? Did I made you feel loved? Where you happy near me? 

Every single mistake is a dagger stabbing my heart constantly, if I had let you borrow my books would you still be here? If it had helped you write down your thoughts, would you have stayed? Will I ever know what happened to you? Did somebody hurt you? Did somebody took you away from us? Did you leave because you wanted to? Are you still suffering the thundering screams inside your mind? Will you ever come back? Should I start to dig holes in every inch of the earth trying to find your corpse? Would I lose my time because you’re not down there? Are you really gone for good? Was here any single thing that I could have done any better?

You know something, I won’t ever stop. Even if I have dug the entire earth, even if I have to dredge the ocean, I won’t stop searching for you until my dying day. Because you're missing and I have to find you. 

viernes, 7 de junio de 2019

CARTAS A MARÍA: CARTA SIETE



Carta 7
22 de Febrero

El silencio era mucho ésta madrugada. Me levanté en sobresalto y  sin pensar ya estaba caminando por la calle, debió ser antes de las 5 porque los mineros salían ya en procesión a esperar el tranvía de la mina. Inocencia estaba en su puesto con el fogón prendido y el atole hirviendo, hacía frío porque Inocencia traía un rebozo grueso bien amarrado. Yo no sentí nada.

¿De verdad no extrañas nada de esto María? ¿Nada de esos detallitos que hay por aquí? Así como el olor de las tejas en los techos después de la lluvia, o el sonido titilante de las ollas que vende Don Javier, el pirul de la plaza en las noches de viento; parece que baila libre con el aire que lo abraza. O el cerro del ahorcado en Noviembre, parece que se dibuja un castillo en el cielo cuando las nubes del otoño lo cobijan.  Y qué me dices de la feria de San Lorenzo en el verano, siempre te gustó pasearte entre los puestos y bailar con la banda. ¿Ya no piensas en eso, como más nunca piensas en mí?

Jaime se sorprendió de verme esperándole en la puerta del periódico, lo que Jaime no sabe es que yo estaba ahí pretendiendo que te esperaba como solía hacer, pretendiendo que te saldrías por la ventana y yo te ayudaría a saltar por el tejado del corral y nos iríamos juntos a contemplar el infinito. Soñábamos entre las estrellas y luego en el sigilo de la madrugada subías de nuevo por la ventana, me soplabas un  beso y yo creía que la vida era perfecta, que la luna brillaba celosa de nosotros, las flores nos esperaban durante el día y el atardecer nos admiraba a nosotros. Trabajé y trabajé hasta que ya no había nadie. Estaba trabajando, monótono y repetitivo para que se me olvidara todo. No se me olvidó. Me conoces mejor que nadie, quizás me conoces mejor que yo, sabes bien que no voy a sobrevivir a esto. No puedo. Realmente no puedo, eso de vivir no es para mí, no sin ti.

Te amo María, te amo y me estoy muriendo.

Dime ¿qué hice mal? ¿Ahora qué hice? Ya ni el alcohol me apacigua  las mil y un preguntas que estallan en mi cabeza. ¿Cómo te fallé si te amo tanto? ¿Cómo amarte hasta la locura resultó un fracaso? ¿Es alguna vez suficiente? La respuesta a mis preguntas yace sobre mis hombros y se encuentra aferrada a mi espalda y no puedo volverme a verla derecho. Esta noche el organillero del Jardín estaba tocando tu canción María y yo por nada me muero.

Juan

miércoles, 17 de abril de 2019

CARTAS A MARÍA: CARTA SEIS





Carta 6

Febrero 12

Hoy afuera del periódico  había un músico cantando. Me ensordecí entonces, la música ya no me entra con nada, sin ti la vida no tiene música. No he podido concentrarme para ver mis recuerdos y la música me apuñala con las notas, es como si no viviera. Tieso como un pájaro muerto, polvoso y enmarañado en miseria, eso queda de mí.

La tierra bajo mis pies pareció secarse, no quería llorar ahí pero lo hice un poco. Los demás me vieron pero voltearon la mirada para evadir la pena. A mis años y con mi cara;  no fue un espectáculo bonito.  Yo sigo siendo nada y en todo éste tiempo me he dado cuenta que quizá fue lo mejor. Hubiéramos sido felices pero no tendrías todo con lo que has soñado. Pero me olvidaste, me olvidaste y subiste a ese tren sin siquiera pensarlo.

Hubiéramos sido felices.

Él llegó y la elección era muy fácil ¿no es así?  Eras demasiado para quedarte toda la vida lavando trapos sucios. ¿Qué significó todo lo que vivimos juntos? Yo di todo de mí ¿No te dolió ni un poquito dejarme así para morir? ¿Un poquito siquiera?

Cierro los ojos un poco y te veo dentro de mí, creo que no, no sentiste nada de nada. Ya pa qué pregunto. Él es todo lo que yo no, de buena familia; nada de borrachos y arrabaleros. Tiene casa, paga criados, hasta un chofer, fue a una buena escuela y sabe hablar francés. Tú estarás mejor con él, a lo mejor y serás un mero artículo decorativo como sus obras de arte, a los tipos estirados les gusta coleccionar cosas bonitas que les alegren el día. Tú eres la más bonita de todas. Era todo lo que esperabas de un buen marido, hasta es guapo. Yo soy un malviviente de poca monta que no sirve para nada, a quien todos abandonan, que no hace nada bien más que su tedioso y repetitivo trabajo. Yo te hubiera lastimado, porque no puedo ser quién tú necesitabas que fuera, tú ya hasta eres alguien más; capaz que te veo y no te conozco, ahora ya eres una señora de buena casa, no la muchachita que con su sonrisa me dio a luz en la colina de las flores, esa muchachita seguramente se murió conmigo.

Pero yo sé que hubiéramos sido felices María.
¿De verdad te fuiste para nunca más volver?

Juan.

CARTAS A MARÍA: CARTA DIECIOCHO

  Carta 18 Septiembre 29 Haberte conocido María, ha sido un calvario. La peor de todas las bendiciones, la mejor de las maldiciones. Peniten...