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miércoles, 25 de junio de 2025

CARTAS A MARÍA: CARTA DIECIOCHO

 

Carta 18

Septiembre 29

Haberte conocido María, ha sido un calvario. La peor de todas las bendiciones, la mejor de las maldiciones. Penitencia de enclaustro, martirio de santo. Cargando a diario la insoldable pena de tenerte tan cercana como las estrellas.

Siempre serás de otro.

Y yo me quedaré añorando en la penumbra. Apostado cual vigía, bajo el balcón de la ventana, de la casa que solía ser tuya. Como los grillos cantan sus sonatas, en las noches sin lluvia; yo aquí asentado en mi nicho, canto y canto las melodías del otrora, diáfanas luciérnagas en el firmamento de mis remembranzas. Ahora tú, titilante, te vuelves un rumor cada vez más lejano.



Eres otra, aunque seas tú; y quién tú eres ahora es una extranjera de mí. La María a la que yo amaba, la dulce, sonriente, silvestre y revoloteante María a la que yo amo, ha muerto. Murió conmigo aquel día que te subiste al tren. Las evocaciones elusivas de mi amante, mi espíritu gemelo, son sólo quemaduras de luz, en los ojos de mi memoria.

Tú (la de entonces), así como tu amor por mí, ya no están aquí, en este plano terrenal. Son atisbos de fuego arriba en lo alto, con los ángeles y los santos. Existes sólo donde nunca podré alcanzarte, donde mis manos impuras jamás podrán tocarte. Es un maleficio, una tortura perseguir el espejismo de ti. Atormentado por el fantasma, las sombras, la silueta que justo ahora veo en tu ventana, no es la real, pero es la María que aún hoy me ama. La verdadera tú, a trescientos kilómetros y un día en tren, ella está en su gran casa, en el calor de su cama. Esa María abraza al hijo que tanto ama, y le canta canciones que sólo solía cantar para mí.

He perdido una guerra que jamás podría ganar. He batallado en el frente equivocado durante estos años. Siempre embriagado en el odio hacia su aborrescente padre, siempre peleando contra él.

Admito mi derrota, porque frente a ese hijo (que pudo haber sido mío) no tengo arma alguna. Sólo me queda poner las manos al aire, las rodillas al suelo y me rindo, mi guerra está perdida.

 

Juan.



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CARTA UNO

viernes, 11 de noviembre de 2022

CARTAS A MARÍA: CARTA DIECISIETE

 

 

Carta 17

Septiembre 2

Pasé por la panadería María, vi; por la ventana, que tu mamá estaba colgando un retrato en la pared de atrás. ¡Lo vi María! O acaso la habré visto, no tuve las fuerzas de pararme a preguntar. Las mejillas rosadas, los ojos claros, los tres lunares a un lado del ojo derecho y los hoyuelos en los cachetitos redondos. Un vistazo momentáneo y lo supe. Esa luz en la sonrisa es inolvidable, esas pestañas largas y los chinitos acaramelados. Fue un dolor, un pesar bien extraño.

Primero que nada, la imagen me golpeo bien abajo en las entrañas, se me fue el aire y sentí que me estaba petateando. Pero ver esa sonrisa, esa luz tan cálida que no he podido borrar de mi memoria, me hizo sentir… alegría.

¿Cómo me atrevo yo a ponerme feliz por él, o ella? Quien me lo robó todo. El futuro, la vida, el amor de mi vida, mis sueños. Todo se desvaneció en polvo en cuanto vi su sonrisa. ¿Todo mi dolor, todo mi llorar, valen esa sonrisa? Mi impulso primero y egoísta es pensar que no, que esa bolita de manteca no vale un solo día de mi tormento, pero no pude sostener eso en mi cabeza mucho tiempo, ni dos minutos. Porque la realidad es que, sí, esa sonrisa, ese futuro brillante, esa buena y tranquila vida que le aguarda, sí vale todo. No sólo mi dolor, mi soledad o el corazón roto que me cargo a cuestas. Vale las estrellas, el sol y la luna. Vale todo. Si fuera mío, o mía, yo me hubiera inmolado a mí mismo sin preguntarle a nadie, con tal de asegurarle todo aquello que, ahora tiene seguro.


Volví a mi casa y vi todo con otros ojos, la casa puerca como chiquero, todo derruido, cubierto de polvo, el olor a humedad y a viejo borracho. Ese querubín no podría vivir aquí. Me sentí avergonzado, me sentí apenado de mí mismo, del caos en el que me he revolcado todo este tiempo. Yo no podría ponerle la misma sonrisa en la cara, ni alimentarle bien, ni cuidarlo como se debe si se enferma. No puedo ni mantenerme en pie yo.  Todo lo que gano me lo bebo, a penas como y no me he puesto ropa nueva desde que un año antes de que te fueras. No me acuerdo de la última vez que me bañé bien, con agua caliente, puro chorro de agua fría para bajarme la borrachera.

 

Creo que ésta es la primera vez que lo veo María, puedo por primera vez entender las razones que tenías cuando te fuiste.

 

Juan.

CARTA UNO

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lunes, 8 de agosto de 2022

CARTAS A MARÍA CARTA DIECISÉIS

 


Carta 16

8 de Agosto

Después de mucho tiempo, después de creer que ya te había dejado atrás, anoche volví a soñar contigo María, volví a llamarte, volví a rogarte, volví a anclarme desesperadamente de tu falda. Tenía que competir contra él, por recuperar tu amor. Yo, en mi estado actual, más cadáver que persona, arrugado y desvanecido, contra él, fuerte, joven, rico, con dientes blancos, sonrisa carismática y el mundo por delante. Perdí de nuevo, perdí una y otra y otra y otra vez, cada día que pasa sigue el evento de perderte constantemente, de dolerme tu ausencia, de repasar los tenues lunares en tus mejillas rosas, de ahogarme en el suéter que dejaste olvidado en la silla, para sentir que al menos en esas diminutas partículas de ti, aún te encuentras conmigo.

Es que yo ya no soy nada de la persona que tú creías que yo era. Sin ti, sin tu sonrisa cálida y tus brazos abiertos, yo sólo soy una pila de cenizas que no termina de desmoronarse. ¿Es que dime, cómo se cura uno de la adicción a ser feliz?



¿Me piensas, aunque sea un poquito? ¿Te duelo aunque sea casi nada? ¿Queda algo de mí, ahí en un rincón de tu memoria? Porque yo sufro todos los minutos del día, cuando trato de tomar tu mano y caigo en la cuenta de que no estás ahí y más nunca estarás.  Se me hace pedazos la vida, una y otra y otra vez. Por más rabia que tenga, por más que llore hasta que las fuerzas se me acaban, no puedo ni odiarte, no tengo ni el consuelo de guardarte rencor, de ahogar tu recuerdo en odio y resentimientos. Cada que me viene a la mente destrozar tu recuerdo con amarguras, me llega la visión de tu sonrisa, de todos los besos que nos dimos, del brillo de tus bellos ojos mirándome únicamente a mí y por unos pocos segundos me regreso a ser el rey del mundo, parado en la cima más alta. Y luego me vuelvo a caer, azoto contra el suelo escarpado perforándomelo todo. Y muero, sí que me muero repetidas veces. Lo que queda de mí, no es más que ceniza, sangre y lágrimas violentas, no hay sueños, no hay risas, sólo la tierra estéril de lo que alguna vez fue un hombre, el hombre al que tú amabas.

Si de algo a nada ha valido mi existencia, es que, de todos los mundos, de todas las líneas temporales que han habitado el tiempo, de todas las vidas que pude haber vivido; tuve la gracia, la fortuna de coincidir contigo, al mismo tiempo, en el mismo mundo, y no conforme con eso, tuve la inmensa dicha de amarte y que me amaras. Hay millardos de millones de hombres en este mundo, hombres mejores, hombres más ricos, más inteligentes, y definitivamente mucho más guapos, pero ninguno, óyeme bien, ninguno ha tenido la dicha de ser amado por ti. Ni siquiera el hombre con el que vives hoy, el que puede decirse tu marido, el padre de tus hijos, el que duerme a tu lado todos los días. Y esos, es la propia tragedia de aquel desdichado, que, en su batalla contra mí, ha perdido mucho más, de lo que yo jamás podré perder, porque yo te tuve alguna vez María, te amaba y me amaste, tú me amaste.

Juan.

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PRIMERA CARTA

lunes, 14 de junio de 2021

CARTAS A MARÍA, CARTA QUINCE

 




Carta 15


24 de Mayo

Anoche soñé que me moría, soñé que me estaba desangrando a un lado de un nopal arriba del monte. No había nada ni nadie cerca. Hacía mucho calor y me ardía el pecho, de mi pecho manaba la sangre como riachuelo. Me sabía la boca a fierro, mis manos estaban adormecidas y me escurría un sudor sucio de la frente a los ojos. En lo alto del cielo se escuchaban los graznidos de los zopilotes que ya se saboreaban los jirones de mi carne. El sol quemaba mis pies descalzos que no tenía la fuerza para mover, el aroma era de arena seca, de sed y de muerte. Sentía ganas de toser, pero no podía, tenía las narices rellenas de tierra y sangre. Trataba de arrastrarme a la sombra del nopal y no pude. Pude sentir como las fuerzas se me iban y como me iba haciendo nada, me andaba como durmiendo, pero me moría. Se me quitaba el calor y me empezaba a dar frío, entonces desperté.



Medio tristeza de darme cuenta que sólo fue un sueño y no me morí ni nada. Ni siquiera la fortuna de andar crudo me fue concedida, me tuve que levantar con mis propias fuerzas y hacerme de huevos para meterme a bañar, rasurarme, para vestirme e irme a trabajar.

Estaba encabronado María, encabronado de tener que despertar otra vez dentro de este cuerpo y con el alma rota. De tener que aguantar el pasar de los días sin verte, sin tenerte para mí, sin escuchar tu voz. Ya sólo queda en mis adentros una rabia incontenible.



Escalaría todas las montañas que nos separan con tal de verte a lo lejos, pero ¿de qué serviría? Estarías en sus brazos, sin saber siquiera que yo me encuentro ahí, te miraría en sus brazos y si lo veo lo mato ¿Me oíste? ¡Lo mato! Que bastante tengo con que te haya llevado, con que es perfecto hasta su puta madre. Sus ojos, su cabello, sus dientes alineados. Su estúpida sonrisa de niño bonito. Que ha viajado a España, que sabe hablar inglés, que si estudió carrera en Texas, hasta el maldito perro del muy hijo de puta es como sacado de una revista.

¿Enserio eso quieres María? Una vida acartonada y tiesa, sin sonrisas sinceras, sin caminares en día de lluvia, sin flores de milpa ni día de mercado, sin secretos entre los callejones, café de la plaza, sin besos al atardecer. ¿enserio todo eso te da lo mismo?



Sé que te decepcioné y que no fui lo mejor, sé bien que el fin se veía venir porque tú brillabas demasiado. Tal vez se acabó para ti, pero mi amor es un rumor enraizado en la tierra, se queda a través del tiempo en los latidos del viento, el cantar de los pájaros y en las lágrimas de todos los amantes. Te lo juro, te lo juro por todo lo que es bueno en este mundo; él jamás, jamás ni en cien años de estar contigo te amará como yo te amo en un simple parpadeo. Su cariño es el tibio fulgor de una lámpara y yo te amo como si el sol explotase sobre el mundo.

 

Juan.

martes, 23 de junio de 2020

CARTAS A MARÍA: CARTA TRECE


Carta 13


28 de Abril

Como ya no sé ni dónde estoy, a veces llegó sin quererlo a no sé dónde. Un día de la otra semana hasta me encontré con una procesión de boda, si fuera menos cobarde los hubiera matado a todos. Su felicidad escupe sobre mi miseria, no lo soporto, no puedo. Ya ni las risas de los niños que corren en la calle me parecen tolerables.

 Días más patrás me venían a bien, como que me daban a esperanza, verlos en inmersos en sus juegos, ellos haciéndose soldados, creyéndose Virreyes, soñándose de marfil o de papel. “Sólo son niños” me pensaba, “niños que qué van a saber de la vida”. Y ahí fue cuando me vino a madrear mi amargura; su ignorancia es gloria y en mi saber me doy cuenta que no hay remedio para mí, con algo de suerte para nadie tampoco. Con esas ganas de que me queme el aguardiente prefiero ya que a todos nos lleve la chingada.  Pero ni me quema ni nos lleva y así andamos de tenme en el aire, ni me decido a quemar la casa ni me voy a morir al desierto ni maté a los novios que iban a casarse. La novia era la hija de Pablo ¿te acuerdas de Pablo el que tiene su puesto en los portales? Y pensar que yo la veía tan chiquilla, tal vez nada más la amargura de perderte es lo que me hace sentir viejo. Porque éste abismo ilusorio de que ha pasado una eternidad me ha trasformado en un viejo desgraciado; solo y acabado. Viejo de amargura, de rabia, de penumbra.



Tal vez sí han pasado milenios, tal vez sí me estoy terminando de hacer polvo a mí mismo y a mi dolor, como bien no despierte de ésta pesadilla; prefiero hacerme polvo para irme volando. Lejos. Lejos de todo y de nada. Para ya no ver tus ojos cada que parpadeo. Para ya  no sentir el dulce aroma de tu cabello cada que sopla el aire. Para ya no percibir el penoso sabor de tus labios suaves sobre los míos. Es que de verdad que la carga es mucha María, me atormenta hasta cuando estoy despierto. No dejo de preguntarme si acaso pensarás en mí, si ya me habrás olvidado, si todavía me amas o si acaso me amaste alguna vez. Me ahogo María, me ahogo en éste océano de preguntas infinitas que jamás tendrán respuesta. Lo malo es que me ahogo y no me muero, no me termino de morir na más me duele y  me quema y me aplasta.

Me aplasta hasta hacerme nada, pero no me muero. 

 Juan


lunes, 20 de abril de 2020

CARTAS A MARÍA: CARTA DOCE



Carta 12

20 de Abril

Hoy me desperté temprano, porque mientras menos gente vea en la calle; la tortura de vivir se me hace más llevadera. Los cielos se han olvidado de mí y mientras pase desapercibido entre los vivos me da menos vergüenza seguir aquí pretendiendo como que todavía me encuentro con vida. 

¿Qué más me queda?
Si te has empeñado en regodearte con tu nueva vida, en abofetearme con tu inmaculada belleza, con el aroma de tu voz cada que sueño contigo. Ni en mis sueños me concedes clemencia, sigues con él; te envuelve en sus brazos mientras yo ardo en la desesperación de seguir con vida.

No sé si hoy es hoy o es ayer, no me atrevo a pensar mucho en el tiempo porque soy capaz de quemar la casa conmigo adentro. Es que el saber que mil años he pasado sin ti y aún no muero terminaría por aniquilarme. Un adiós final y un beso en la obscuridad me bastarían. 


Te has llevado hasta las lágrimas en mis ojos, el cantar de los gallos y el  rugido del tren.  Siento que un día, de verdad ahora sí un día la cruda eterna de no tenerte va acabar conmigo. Si me vieras ahora, si vieras en lo que me he convertido… me mirarías con dolencia melancólica; así como se ven las tumbas de los difuntos, con penosa resignación de jamás recuperar lo que se nos  fue. Tal vez yo te miraría del mismo modo. Con nostalgia, como se ven en la cabeza los recuerdos del ayer, con todo ese amor a un momento que jamás volverá. Como se ven las fotos viejas que se cuelgan en la pared. Como se leen las noticias de hace algunos años en los periódicos viejos que envuelven los monos del nacimiento o las ollas del atole. 

Aún no clarea y  a los pájaros ya se les metió la idea de joderme con su canto. A lo lejos se escucha el arrastrado paso de una carreta, así como que la mula que la arrastra vive la misma chinga que yo día a día. Sus pasos son pesarosos, sufridos, obligados por la implacable corriente de la cotidianidad. Esa mula soy yo y yo soy esa mula, jodida, jodida y resignada pero no resignada del todo. Te lo juro María que un buen día ahora sí voy a dejarme morir, voy a llegar a casa borracho después de oír tres horas de rancheras en la cantina, después de beberme todo el aguardiente que tengan, después de haberme acabado toda la vida y ahora sí, me prendo fuego con todo y la casa.

¡Te lo juro María!


miércoles, 13 de noviembre de 2019

CARTAS A MARÍA: CARTA NUEVE





Carta 9

12 de Marzo

Ya me olvidaste María, he desaparecido. Tú  eres eterna, como la luz del sol. Te fuiste para no volver y tengo que hacerme a la idea. El sol no se percata del gusano que muere quemado por su calor. Tú no sabrás cuánto dolor me causo tu ausencia. Quisiera volver en el tiempo y morir ahí entre tus brazos, todos seríamos felices.

El tiempo sigue y sigue,  sin ti no soy nada. Polvo arrastrado por el torbellino de la realidad. No hay ni día ni noche María, ni luz ni sombra. No hay nada, absolutamente nada. La comida es una tortura una y otra vez, el aguardiente ni quema. Qué vida es ésta, donde el aguardiente no sabe a nada, no duele, no cala ni quema. 

A las gardenias se les acabó el perfume y el amanecer no amanece, se murieron todas las macetas de mi cuarto, si me baño el agua no está ni fría ni caliente. Ayer Marcela la de la cantina de Pancho me regaló un tequila, creo yo que por lástima, me lo tomé  y no me hizo nada. Marcela me vio con lástima y se fue. Cinco meses, cinco días, cinco horas que no he conciliado sueño sin tormentas. Las golondrinas de la madrugada están solas sin nosotros y nuestros besos. Tus labios son puñales espinosos en mi mente. Lo entregué todo, a qué quiero que vuelvas si te llevaste todo de mí.


El silencio de tu voz en mi vida me llena de amargura, miseria y tormento son mis compañeros en casa.

Esos hijos que no tuvimos hubieran sido hermosos, con tus ojos, con tu sonrisa, con todo tuyo y mi nombre me hubiera bastado. Creo que hasta para esos hijos es mejor que me dejaras, aunque no lo creas yo eso pienso. Esos hijos que casi fueron míos  serán más felices en una casa con muchos cuartos, con baño y con radio por las tardes. Hasta van a ir a una buena escuela, quién quita y a lo mejor se van a San Diego a estudiar para ser gente de bien. Aquí no más de chalanes de barrio, ese era su destino.

Yo creo que si yo fuera tú, también hubiera pensado en eso. A lo mejor lo hiciste por esos hijos María, esos hijos que míos o no siempre serán tuyos. Con tus ojos y sus pestañas, con la sonrisa de alba en el cielo.




Juan

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 CARTA UNO

CARTAS A MARÍA: CARTA OCHO





Carta 8
26 de Febrero
Vi a tu hermano Paco hoy, me rehuía  pero no le quedó más que pasar frente al periódico. No sabía ni como mirarme a la cara porque él sabe que yo lo di todo. Tú y tu madre me lo arrancaron de las manos y lo pisotearon en el suelo, cada que paso por la panadería sé bien que le escupe a las migajas embarradas en el suelo que solía ser mi corazón. Paco nunca fue mi amigo pero es hombre de palabra, yo sé bien que siempre pensó que un monstruo le arrebataba a su hermanita, a la princesa que debía proteger. Paco fue capaz de ver el valor del amor que te tengo, aun así no fue suficiente ¿verdad o no? Paco me vio y en su mirar me di cuenta de que algo de razón he de tener, porque no me mira con la soberbia del que sabe que está del lado correcto.

Hoy llovía cuando llegué al periódico y me topé con él, la lluvia le daba a entender lo que sentí. El cielo nublado se ve vacío. Sin tus ojos ya no hay más luz que la del candil de la calle. Me miró y sin tener a dónde más hacerse na más me dijo “Adiós Juan”.
A lo mejor a todos ustedes les convendría que yo me muera, así no tendrían recuerdo incómodo de lo que hicieron mal. Ya no les pesaría ver el ánima en pena; en la que me he convertido, vagando por las calles sin consuelo, es mucho para cargar en su conciencia.

¿Eso deseas mientras te encuentras contenta en tu casa María, que yo me muera?
Y yo aquí cual pendejo amándote, aferrado a pesar del tiempo y la distancia, aferrado a la esencia de tus ojos, al perfume de tu alma.
Esa sonrisa tan tuya que ilumina el universo, sé bien que serás para él trofeo brillante y hermoso, que él  te quiere pero también sé que no te ama, eres propiedad y premio. Para mí María, eres el universo entero. Antes de ti nada y después de ti sólo la muerte.
Te amo

Te voy a amar siempre, lo sabes.
¿Me odias aunque sea un poco?
Por lo menos al odiarme quiero creer que no me olvidas.

Juan.



CARTA UNO

viernes, 7 de junio de 2019

CARTAS A MARÍA: CARTA SIETE



Carta 7
22 de Febrero

El silencio era mucho ésta madrugada. Me levanté en sobresalto y  sin pensar ya estaba caminando por la calle, debió ser antes de las 5 porque los mineros salían ya en procesión a esperar el tranvía de la mina. Inocencia estaba en su puesto con el fogón prendido y el atole hirviendo, hacía frío porque Inocencia traía un rebozo grueso bien amarrado. Yo no sentí nada.

¿De verdad no extrañas nada de esto María? ¿Nada de esos detallitos que hay por aquí? Así como el olor de las tejas en los techos después de la lluvia, o el sonido titilante de las ollas que vende Don Javier, el pirul de la plaza en las noches de viento; parece que baila libre con el aire que lo abraza. O el cerro del ahorcado en Noviembre, parece que se dibuja un castillo en el cielo cuando las nubes del otoño lo cobijan.  Y qué me dices de la feria de San Lorenzo en el verano, siempre te gustó pasearte entre los puestos y bailar con la banda. ¿Ya no piensas en eso, como más nunca piensas en mí?

Jaime se sorprendió de verme esperándole en la puerta del periódico, lo que Jaime no sabe es que yo estaba ahí pretendiendo que te esperaba como solía hacer, pretendiendo que te saldrías por la ventana y yo te ayudaría a saltar por el tejado del corral y nos iríamos juntos a contemplar el infinito. Soñábamos entre las estrellas y luego en el sigilo de la madrugada subías de nuevo por la ventana, me soplabas un  beso y yo creía que la vida era perfecta, que la luna brillaba celosa de nosotros, las flores nos esperaban durante el día y el atardecer nos admiraba a nosotros. Trabajé y trabajé hasta que ya no había nadie. Estaba trabajando, monótono y repetitivo para que se me olvidara todo. No se me olvidó. Me conoces mejor que nadie, quizás me conoces mejor que yo, sabes bien que no voy a sobrevivir a esto. No puedo. Realmente no puedo, eso de vivir no es para mí, no sin ti.

Te amo María, te amo y me estoy muriendo.

Dime ¿qué hice mal? ¿Ahora qué hice? Ya ni el alcohol me apacigua  las mil y un preguntas que estallan en mi cabeza. ¿Cómo te fallé si te amo tanto? ¿Cómo amarte hasta la locura resultó un fracaso? ¿Es alguna vez suficiente? La respuesta a mis preguntas yace sobre mis hombros y se encuentra aferrada a mi espalda y no puedo volverme a verla derecho. Esta noche el organillero del Jardín estaba tocando tu canción María y yo por nada me muero.

Juan

miércoles, 17 de abril de 2019

CARTAS A MARÍA: CARTA SEIS





Carta 6

Febrero 12

Hoy afuera del periódico  había un músico cantando. Me ensordecí entonces, la música ya no me entra con nada, sin ti la vida no tiene música. No he podido concentrarme para ver mis recuerdos y la música me apuñala con las notas, es como si no viviera. Tieso como un pájaro muerto, polvoso y enmarañado en miseria, eso queda de mí.

La tierra bajo mis pies pareció secarse, no quería llorar ahí pero lo hice un poco. Los demás me vieron pero voltearon la mirada para evadir la pena. A mis años y con mi cara;  no fue un espectáculo bonito.  Yo sigo siendo nada y en todo éste tiempo me he dado cuenta que quizá fue lo mejor. Hubiéramos sido felices pero no tendrías todo con lo que has soñado. Pero me olvidaste, me olvidaste y subiste a ese tren sin siquiera pensarlo.

Hubiéramos sido felices.

Él llegó y la elección era muy fácil ¿no es así?  Eras demasiado para quedarte toda la vida lavando trapos sucios. ¿Qué significó todo lo que vivimos juntos? Yo di todo de mí ¿No te dolió ni un poquito dejarme así para morir? ¿Un poquito siquiera?

Cierro los ojos un poco y te veo dentro de mí, creo que no, no sentiste nada de nada. Ya pa qué pregunto. Él es todo lo que yo no, de buena familia; nada de borrachos y arrabaleros. Tiene casa, paga criados, hasta un chofer, fue a una buena escuela y sabe hablar francés. Tú estarás mejor con él, a lo mejor y serás un mero artículo decorativo como sus obras de arte, a los tipos estirados les gusta coleccionar cosas bonitas que les alegren el día. Tú eres la más bonita de todas. Era todo lo que esperabas de un buen marido, hasta es guapo. Yo soy un malviviente de poca monta que no sirve para nada, a quien todos abandonan, que no hace nada bien más que su tedioso y repetitivo trabajo. Yo te hubiera lastimado, porque no puedo ser quién tú necesitabas que fuera, tú ya hasta eres alguien más; capaz que te veo y no te conozco, ahora ya eres una señora de buena casa, no la muchachita que con su sonrisa me dio a luz en la colina de las flores, esa muchachita seguramente se murió conmigo.

Pero yo sé que hubiéramos sido felices María.
¿De verdad te fuiste para nunca más volver?

Juan.

viernes, 5 de abril de 2019

CARTAS A MARÍA: CARTA CINCO



Carta 5

Febrero 7

María:

Después de algún tiempo he vuelto a soñar contigo. Hasta extrañaba el despertar sudoroso y con la sal de mis lágrimas en la boca. De verdad ya me hacía falta escuchar tu voz pronunciando mi nombre, aunque fuera un sueño nada más. Ver tus dulces labios llamándome. Era volver a nacer y confiar en el amor eterno.

Me sentí joven otra vez, sin carga que arrastrar ni yagas sangrando. Nomás era un sueño, un sueño donde mi vida no era de miseria. Creo que voy a estar esperando para siempre, esperar a que ya no me duela, a que tal vez vuelvas a mi lado, a sentir la libertad de vivir nuevamente. Esperar a que me ames de nuevo, esperar a que cruces el umbral de la puerta y me digas que sólo fue una pesadilla, que compartirás tu vida conmigo, que me amas, a unir nuestras manos y recordar viejos tiempos, a ver crecer los hijos que tendríamos, ver cómo te veo a ti en ellos, que la vida se haga otoño a tu lado y que me ames. Esperar y esperar hasta hacerme viejo esperando por algo que no pasa. No creo que puedas entender el infierno que vivo. Me desgarra y filetea todas las horas, todos los segundos. Sólo quiero gritar hasta perder la fuerza. La comida es un particular tormento, ponerme en pie, avanzar a la mesa, sentarme, meter la cuchara entre la comida, acercarla a mi boca, masticar, masticar, masticar, forzarme a tragarla, sujetar un vaso, retener el líquido en mi boca, tragar de nuevo.  Es demasiado para mí en estos momentos, un letargo muy pesado.

¿Sabes? No he tocado la guitarra desde que me dejaste, no puedo ni verla directamente, el sólo hecho de formular la palabra en mi mente y ser capaz de escribirla en el papel me parece insoportable. Me he dejado de ella, no la soporto ni ella me quiere ver tampoco.

No dejo de pensar en la canción que tocaba la primera vez que te vi. El cielo se teñía de rojo y las flores eran agitadas por el viento, casi bailaban con el sonido de mi canción. Ahí estabas tú con las otras muchachas cuando abrieron las compuertas de la presa y el sonido del agua lo invadió todo, nos calló a mí y a mi guitarra. De algún modo no miraste el correr del agua, me miraste a mí. ¡A mí! y el tiempo se me detuvo. Tal vez por eso el Reloj se negó a ayudarme, porque ya se detuvo por nosotros una vez, ese día en la colina de las flores, me hizo el favor una vez y ya no puede detenerse más para mí.


Juan.

miércoles, 20 de marzo de 2019

CARTA DOS




Carta 2
Enero 4

¿Te acuerdas María cuando cantaba tu canción? Siempre sonreías con esos ojos tuyos tan verdes como la vida. Todos te miraban y tú sólo me veías a mí. Nunca creí que te perdería, jamás pensé que me dejarías a hundirme con el barco.
Se acabó, lo sé. Me lo dijiste “Se acabó”.

No te odio, yo sabía que tú eras para volar alto y yo namás sirvo para arrastrarme. Aunque no me creas yo lo sabía y me quedé de todas maneras. Hubo muchos que hubieran dado todo por tomar tu mano aunque fuera un día. Eras demasiado ¿no?
Tu atención fue un regalo de Dios,  no lo dudo. Lo mejor que me ha pasado y pasará. Tú verás crecer a esos hijos que casi fueron míos, al hombre que te tiene y puede darte el sol y el mundo para que los pongas en tu ventana. Quizá en todos esos esplendores veas un bicho insignificante que te recuerde a mí. Y pensar que ayer apenas sonreías entre mis brazos y me decías “Te quiero”. No, no, no fue ayer. Fue hace más de un año, no; tres años ¿o eran 10?

Ya no soy capaz de medir el tiempo María, ya me olvidé de quién soy y lo que sí es.
Antes de ti no había nada, nada de nada.  Pura oscuridad y silencios. Trato de recordar, quién era yo, qué pensaba y qué sentía pero no puedo. Creo que yo nací esa tarde de verano y me morí cuando te subiste al tren.
Ya no sé si lo que queda de  mí en realidad existe o me lo estoy imaginando, es que me duele tanto todo el cuerpo, el café no me sabe y el aguardiente no me quema. Soy una pila de polvo esperando a esparcirse en el aire.

Se acabó, se acabó y lo sé, a lo mejor si lo digo otra vez me lo pueda creer.

 ¡SE ACABÓ!

Es que no puedo evitarlo María, tus ojos, tu sonrisa tersa y el dulzor de tu piel son puñales en mi mente, mis manos te buscan en la oscuridad de la noche y caen en un abismo de nada. Estás con él, en una casa gigante, llena de luz y flores hermosas y acaricia tu melena suave con sus dedos sin callos para arrullarte. Le sonríes ¡tú le sonríes a él María! 

Y yo aquí, solo y sin nada.

Juan


martes, 19 de marzo de 2019

LETTERS TO MARÍA





LETTER ONE
DECEMBER 7TH

Am not able to forget it yet Maria; the day when my world crashed apart. I observed you, I saw you, you simply passed by. Something inside me died that day. Nothing would ever be the same and if my apathy was not a heavy fetter I might have moved. I felt that I gave it all but that didn’t really happen.

Always believed that we would be happy together but you forgot about me. You ran ahead with eyes closed and without even think to go back. Autumn will never end the same for me, I will stay drowning in “why” until I die.

Today I woke up realizing am nothing, you held to an old anchor rusting in the bottom of the sea, yes, that gaze of moonlight gave me hope. But you’re All and am nothing. Why did you stay so long if you knew I was falling even deeper?

Maria: I never meant to hurt you, your sweet tears in my tongue turned into wild vice.
I believed and I believe it: I gave you all.
I GAVE YOU ALL!

You loved me; I love you, you left me and am waiting for you. Train’s whistle that took you so far away from me will leave me crying inside my soul until I no longer have a soul. I love you Maria, you choose a life for yourself. You will be his and will have children together. Maybe you don’t even remember me anymore, even though it was not so long ago. He has and is everything I do not, he will give you that house you always dreamed of and the children you wished with me. I will always be the same poor tramp you met in the Flower hill. You were so much for me, I guess.
I saw you leaving, you didn’t care.


Juan

CARTAS A MARÍA: CARTA DIECIOCHO

  Carta 18 Septiembre 29 Haberte conocido María, ha sido un calvario. La peor de todas las bendiciones, la mejor de las maldiciones. Peniten...