viernes, 11 de noviembre de 2022

CARTAS A MARÍA: CARTA DIECISIETE

 

 

Carta 17

Septiembre 2

Pasé por la panadería María, vi; por la ventana, que tu mamá estaba colgando un retrato en la pared de atrás. ¡Lo vi María! O acaso la habré visto, no tuve las fuerzas de pararme a preguntar. Las mejillas rosadas, los ojos claros, los tres lunares a un lado del ojo derecho y los hoyuelos en los cachetitos redondos. Un vistazo momentáneo y lo supe. Esa luz en la sonrisa es inolvidable, esas pestañas largas y los chinitos acaramelados. Fue un dolor, un pesar bien extraño.

Primero que nada, la imagen me golpeo bien abajo en las entrañas, se me fue el aire y sentí que me estaba petateando. Pero ver esa sonrisa, esa luz tan cálida que no he podido borrar de mi memoria, me hizo sentir… alegría.

¿Cómo me atrevo yo a ponerme feliz por él, o ella? Quien me lo robó todo. El futuro, la vida, el amor de mi vida, mis sueños. Todo se desvaneció en polvo en cuanto vi su sonrisa. ¿Todo mi dolor, todo mi llorar, valen esa sonrisa? Mi impulso primero y egoísta es pensar que no, que esa bolita de manteca no vale un solo día de mi tormento, pero no pude sostener eso en mi cabeza mucho tiempo, ni dos minutos. Porque la realidad es que, sí, esa sonrisa, ese futuro brillante, esa buena y tranquila vida que le aguarda, sí vale todo. No sólo mi dolor, mi soledad o el corazón roto que me cargo a cuestas. Vale las estrellas, el sol y la luna. Vale todo. Si fuera mío, o mía, yo me hubiera inmolado a mí mismo sin preguntarle a nadie, con tal de asegurarle todo aquello que, ahora tiene seguro.


Volví a mi casa y vi todo con otros ojos, la casa puerca como chiquero, todo derruido, cubierto de polvo, el olor a humedad y a viejo borracho. Ese querubín no podría vivir aquí. Me sentí avergonzado, me sentí apenado de mí mismo, del caos en el que me he revolcado todo este tiempo. Yo no podría ponerle la misma sonrisa en la cara, ni alimentarle bien, ni cuidarlo como se debe si se enferma. No puedo ni mantenerme en pie yo.  Todo lo que gano me lo bebo, a penas como y no me he puesto ropa nueva desde que un año antes de que te fueras. No me acuerdo de la última vez que me bañé bien, con agua caliente, puro chorro de agua fría para bajarme la borrachera.

 

Creo que ésta es la primera vez que lo veo María, puedo por primera vez entender las razones que tenías cuando te fuiste.

 

Juan.

CARTA UNO

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lunes, 8 de agosto de 2022

CARTAS A MARÍA CARTA DIECISÉIS

 


Carta 16

8 de Agosto

Después de mucho tiempo, después de creer que ya te había dejado atrás, anoche volví a soñar contigo María, volví a llamarte, volví a rogarte, volví a anclarme desesperadamente de tu falda. Tenía que competir contra él, por recuperar tu amor. Yo, en mi estado actual, más cadáver que persona, arrugado y desvanecido, contra él, fuerte, joven, rico, con dientes blancos, sonrisa carismática y el mundo por delante. Perdí de nuevo, perdí una y otra y otra y otra vez, cada día que pasa sigue el evento de perderte constantemente, de dolerme tu ausencia, de repasar los tenues lunares en tus mejillas rosas, de ahogarme en el suéter que dejaste olvidado en la silla, para sentir que al menos en esas diminutas partículas de ti, aún te encuentras conmigo.

Es que yo ya no soy nada de la persona que tú creías que yo era. Sin ti, sin tu sonrisa cálida y tus brazos abiertos, yo sólo soy una pila de cenizas que no termina de desmoronarse. ¿Es que dime, cómo se cura uno de la adicción a ser feliz?



¿Me piensas, aunque sea un poquito? ¿Te duelo aunque sea casi nada? ¿Queda algo de mí, ahí en un rincón de tu memoria? Porque yo sufro todos los minutos del día, cuando trato de tomar tu mano y caigo en la cuenta de que no estás ahí y más nunca estarás.  Se me hace pedazos la vida, una y otra y otra vez. Por más rabia que tenga, por más que llore hasta que las fuerzas se me acaban, no puedo ni odiarte, no tengo ni el consuelo de guardarte rencor, de ahogar tu recuerdo en odio y resentimientos. Cada que me viene a la mente destrozar tu recuerdo con amarguras, me llega la visión de tu sonrisa, de todos los besos que nos dimos, del brillo de tus bellos ojos mirándome únicamente a mí y por unos pocos segundos me regreso a ser el rey del mundo, parado en la cima más alta. Y luego me vuelvo a caer, azoto contra el suelo escarpado perforándomelo todo. Y muero, sí que me muero repetidas veces. Lo que queda de mí, no es más que ceniza, sangre y lágrimas violentas, no hay sueños, no hay risas, sólo la tierra estéril de lo que alguna vez fue un hombre, el hombre al que tú amabas.

Si de algo a nada ha valido mi existencia, es que, de todos los mundos, de todas las líneas temporales que han habitado el tiempo, de todas las vidas que pude haber vivido; tuve la gracia, la fortuna de coincidir contigo, al mismo tiempo, en el mismo mundo, y no conforme con eso, tuve la inmensa dicha de amarte y que me amaras. Hay millardos de millones de hombres en este mundo, hombres mejores, hombres más ricos, más inteligentes, y definitivamente mucho más guapos, pero ninguno, óyeme bien, ninguno ha tenido la dicha de ser amado por ti. Ni siquiera el hombre con el que vives hoy, el que puede decirse tu marido, el padre de tus hijos, el que duerme a tu lado todos los días. Y esos, es la propia tragedia de aquel desdichado, que, en su batalla contra mí, ha perdido mucho más, de lo que yo jamás podré perder, porque yo te tuve alguna vez María, te amaba y me amaste, tú me amaste.

Juan.

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PRIMERA CARTA

viernes, 24 de junio de 2022

DETÉN LA OSCURIDAD

 


TE EXTRAÑÉ MUCHO

Yo ya no sé si hoy es hoy o es ayer, si es de día o de noche. Es sorprendente lo adaptada que ya me siento a la oscuridad, al rasguido de las uñas de las ratas en la tubería, a los goteos, al olor, al suelo mojado y frío. Ya nada de eso me molesta tanto, lo que sigue pesando deveras es saber que estará pensando mi madre.  A veces me pongo a cantar canciones en mi cabeza, de las que a ella le gustaban y ponía en el radio cuando iba a planchar. Me pregunto si acaso podrá oírme cantarlas dentro de su mente. Le gustaba mucho una que decía:

“Si pudiera salir

Como un ave volar

Podría yo llegar a cualquier lugar”

Si yo pudiera, volaba hacía casa ahora mismo. Algo en mi alma cree que, si canto eso, puedo salir de aquí, aunque de aquí no saldría siendo un ave, saldría si me vuelvo una rata. Ellas son las reinas de la oscuridad, las aventureras de las alcantarillas y las explotadoras del laberinto. Se saben las rutas de escape, las áreas peligrosas y como llegar hasta la luz del día, en una ocasión, una entró a la celda arrastrando la mitad de una paloma, que seguramente trajo de afuera, ella conocía la ruta hacía la libertad, al cielo azul y al aire fresco.  Tengo que hacerme hacía adentro, tan adentro de mí, que me vuelva rata, que me aprenda los pasillos oscuros del laberinto que me atrapa en mi mente, que pueda yo correr de vuelta a mi hogar.

Es que yo no puedo morir aquí ¡Simplemente me niego! En un pasado muy, pero muy distante, incluso antes de que me tuvieran atrapada aquí, yo tenía un futuro, sueños, ilusiones para vivir la vida.  Era una niña brillante, o eso me decían siempre, yo quería ser una joven promesa con logros, quería ver el orgullo en los rostros de mi familia, tenía grandes sueños, deseaba viajar y ver el mundo, Javier siempre me dijo que la oportunidad de ver el mundo era más importante que el oro, que eso enriquecía al alma. En aquel pasado muy lejano, yo tenía aspiraciones y ganas de vivir mi vida, en aquellos días tenía la fantasía de lograr ser “alguien” y alcanzar mis metas, tenía una idea muy clara de mí, de quien era, de ser una buena persona, una niña sonriente. Yo tenía la idea bien enterrada de que, merecía ser amada.

Pero eso se acabó, todo se fue cayendo a pedazos poco a poco, primero con lo que me hizo Josué, cuando nadie me creyó, después lo de Pablo, que ya ni me molesté en decirle a nadie, años más tarde lo que me pasó con el Padre José en el confesionario del colegio, el acoso, la persecución y la burla. Y ahora ÉL, él una y otra y otra vez, él en mis días y mis noches, en mis pesadillas y en mis lágrimas.

Lo escucho, se está acercando, puedo sentirlo, lo huelo. 

Por fin, se oye, track la primera, rack la segunda, crack la tercera.

Llega azotando la puerta y yo me sobresalto, aunque no quiera, pero no lo veo, creo que verlo es a la cara en algo que me invade y me violenta mucho más que cuando me somete y me penetra. Las muecas, su respiración y su cara desencajada me hacen huecos mucho más profundos en el alma, que todo el dolor que me pueda infligir, eso puedo alejarlo, eso puedo soportarlo. No puedo con la invasión de sus ojos buscándome la mirada. Ha encontrado una nueva manera de torturarme y eso le alegra.

Me besa la mejilla con una dulzura tal que puedo sentir el vómito subiendo por mi garganta, y me dice “Mariana, te extrañé mucho”.

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PARTE 1

martes, 26 de abril de 2022

DETÉN LA OSCURIDAD

 

QUE NADIE NOS OLVIDE



En la negrura se pierden muchas cosas, recuerdos y libertades. Pero creo que lo que más me fue arrebatado por la oscuridad es mi futuro. Yo ni, aunque salga de aquí voy a ser la persona que iba a ser antes del encierro. Me he quedado sin futuro, sin porvenir ni aspiraciones, no voy a regresar a tener los sueños que tejía a medias hace unos meses. Y con eso, mucho de mí ya ha muerto. “Yo ya no soy yo y mi casa no es mi casa”.

El fantasma de Paula me atormenta en mis sueños y el de Mariana ulúa afuera de la puerta, me preguntó a qué paso yo dejo de ser yo, para convertirme en ellas.  Todo lo que ha pasado durante estos meses me trastorna mucho, la oscuridad me invade y yo quiero entregarme a ella, alejarme de mi cuerpo hecho pedazos para ser aire y rumor doloroso en esta prisión, igual que Paula, igual que Mariana e igual que quién sabe cuántas otras antes de nosotras.

No sé cuándo es día o noche, sólo duermo y duermo en piso mugroso hasta que viene él, hace uso de mí y si tengo suerte se va. Hay momentos en los que no puedo asegurar si estoy despierta o no cuando él llega, quizá todo esto es tan sólo una infinita pesadilla de la que no puedo despertar y moriré sin volver a abrir los ojos de verdad. Ya no tengo ataduras a la consciencia, porque soy todas y ninguna, soy nada en la oscuridad y al mismo tiempo sigo siendo todo lo que me conformó antes de que el encierro y la violación me aniquilaran.

Otras veces puedo sentirlo, sé que viene a por mí mucho antes del “crack” de la puerta. Lo percibo, lo siento acercarse para atacar. Y es entonces que la obscuridad me absorbe, que yo dejo de ser yo para volverme una partícula de polvo y floto hasta desvanecerme. No soy Mariana, ni Paula, ni Martha y mucho menos soy yo. En ese desaparecer, en medio del desvanecimiento, deseo morir de una buena vez, que se acabe todo. Hasta llego a suplicarlo “mátame ya, acaba con todo”. Quiero ser una con la oscuridad y que éste no ser nada se termine. Ya no queda nada de lo que era, antes de que me sacaran toda la sonrisa a golpes y elevar la mirada del suelo fuera sentencia clara de tortura.  


Hace un rato (tal vez hace días) lloré muchísimo, después de soñar un recuerdo lejano. Cuando yo tenía 14 años viajamos a la playa, éramos un grupo grande, iba mi familia cuando Javier estaba vivo; porque la muerte de Javier es un antes y un después para nosotros. Los compadres de mis papás y sus tres hijas, mis primos Beto y Pablo, además del hijo de mi madrina Lupe ¡cuánto lo odiaba yo! Se llamaba Josué, y no es que Josué fuera del todo malo, a veces hasta me hacía reír. Pero me emperraba el poder que tenía sobre mí, es que yo no sé cómo, pero podía hacerme hacer todo lo que él quería. O me menos preciaba, o me retaba, o iba de lambiscón con mi mamá y mi mamá le gritaba “¡estate quieta y deja de molestar a Josué!”. O se hacía el desentendido y yo terminaba de responsable, haciendo las cosas por él. Casi al final de ese viaje me besó a la fuerza entre los pasillos del hotel. Íbamos mojados y yo casi me caigo cuando apretujó todo el peso de su cuerpo sobre mí. Me agarró a fuerza la mandíbula, me metió la lengua y la pasó por mis dientes, sentía su pene erecto golpeteando mi vientre; casi me vomito. Cuando me soltó, yo estaba llorando y él con una sonrisa de satisfacción que no podía con ella, con una cara de que me iba a joder la vida. Les dije a todos los adultos y nadie me creyó, tan bueno Josué, yo tan chamaca cabrona, haciéndolo quedar mal.

Quien diría que en muchos de ellos, ese es el último recuerdo que queda de mí. 

PARTE 3

PARTE 2

PARTE 1

martes, 22 de junio de 2021

PRECIPITACIONES


Si quiero que la lluvia

Devore todo de mí

Nos haremos pedazos-

contra las rocas impías

Cortemos los lazos-

La muerte espera por mí.

Me haz hecho creer que había un camino.

Yo seguí la luz

Entre los pinos-

Las aguas turbias y las cumbres borrascosas.

Allá arriba, donde nuestras almas mudas,

 están hechas de lo mismo.

 Ese lugar tras el zaguán, -

 donde yo elijo el tormento a la soledad.

Si deseo que la lluvia arrastre nuestros fragmentos,

 aceleremos el paso que vamos lento.

Envueltos en silencio,

Ni notarás que estamos aquí.

Deja los fantasmas correr libres, 

ellos no son del sol ni del tiempo.

Nunca sabrás del viento

Sus secretos y sus risas  

estarán ahí, hurgando en un rincón.

En la cima podrás ver las gotas de lluvia caer.

Nuestros cuerpos palidecer y 

a los ojos de la luna--

-- tan prístinos, tan blancos, 

darnos de beber

del dulce beso de hidromiel. 

lunes, 14 de junio de 2021

CARTAS A MARÍA, CARTA QUINCE

 




Carta 15


24 de Mayo

Anoche soñé que me moría, soñé que me estaba desangrando a un lado de un nopal arriba del monte. No había nada ni nadie cerca. Hacía mucho calor y me ardía el pecho, de mi pecho manaba la sangre como riachuelo. Me sabía la boca a fierro, mis manos estaban adormecidas y me escurría un sudor sucio de la frente a los ojos. En lo alto del cielo se escuchaban los graznidos de los zopilotes que ya se saboreaban los jirones de mi carne. El sol quemaba mis pies descalzos que no tenía la fuerza para mover, el aroma era de arena seca, de sed y de muerte. Sentía ganas de toser, pero no podía, tenía las narices rellenas de tierra y sangre. Trataba de arrastrarme a la sombra del nopal y no pude. Pude sentir como las fuerzas se me iban y como me iba haciendo nada, me andaba como durmiendo, pero me moría. Se me quitaba el calor y me empezaba a dar frío, entonces desperté.



Medio tristeza de darme cuenta que sólo fue un sueño y no me morí ni nada. Ni siquiera la fortuna de andar crudo me fue concedida, me tuve que levantar con mis propias fuerzas y hacerme de huevos para meterme a bañar, rasurarme, para vestirme e irme a trabajar.

Estaba encabronado María, encabronado de tener que despertar otra vez dentro de este cuerpo y con el alma rota. De tener que aguantar el pasar de los días sin verte, sin tenerte para mí, sin escuchar tu voz. Ya sólo queda en mis adentros una rabia incontenible.



Escalaría todas las montañas que nos separan con tal de verte a lo lejos, pero ¿de qué serviría? Estarías en sus brazos, sin saber siquiera que yo me encuentro ahí, te miraría en sus brazos y si lo veo lo mato ¿Me oíste? ¡Lo mato! Que bastante tengo con que te haya llevado, con que es perfecto hasta su puta madre. Sus ojos, su cabello, sus dientes alineados. Su estúpida sonrisa de niño bonito. Que ha viajado a España, que sabe hablar inglés, que si estudió carrera en Texas, hasta el maldito perro del muy hijo de puta es como sacado de una revista.

¿Enserio eso quieres María? Una vida acartonada y tiesa, sin sonrisas sinceras, sin caminares en día de lluvia, sin flores de milpa ni día de mercado, sin secretos entre los callejones, café de la plaza, sin besos al atardecer. ¿enserio todo eso te da lo mismo?



Sé que te decepcioné y que no fui lo mejor, sé bien que el fin se veía venir porque tú brillabas demasiado. Tal vez se acabó para ti, pero mi amor es un rumor enraizado en la tierra, se queda a través del tiempo en los latidos del viento, el cantar de los pájaros y en las lágrimas de todos los amantes. Te lo juro, te lo juro por todo lo que es bueno en este mundo; él jamás, jamás ni en cien años de estar contigo te amará como yo te amo en un simple parpadeo. Su cariño es el tibio fulgor de una lámpara y yo te amo como si el sol explotase sobre el mundo.

 

Juan.

viernes, 9 de abril de 2021

La bruja brilla de noche

 




A Carmen Ollin la mataron un veinte de septiembre. Todos supieron bien quién, pero nadie quiso decir nada, que si de algo pecamos en este rancho miserable es de silencio. Aquí se callan los dolores, aunque quemen hondo, aunque den ganas de llorar. Por eso mataron a Carmen, yo digo, porque ella no era de esas de “calladita y bonita”. La encontraron al pie de un árbol, todavía tenía su cadenita de Santo Cristo en una mano. Yo creo que su alma salió volando como garza blanca al atardecer, así era Carmencita.

Todos supimos que estaba muerta porque tenía dos noches perdida y al medio día siguiente, pudimos escuchar el grito despellejado de Doña Martha, yo estaba en el puesto y me caló bien feo. No me aguanté y empecé a llorar, mi Ma nomás me dijo “cállate pendeja que te van a oír, límpiate la cara y aguántate, aquí no se puede”. Y entonces el silencio, ese chingado silencio se hizo insoportable. Nada más Doña Martha lloraba sin consuelo. Sus gritos hacían retumbar hasta las ventanas. Ni en el sepelio nadie dijo nada, rezaban, rezaban y se veían las caras, no los fueran a oír. Y en la madrugada nomás se escuchaba a lo lejos el canto de un borracho que medio lloraba medio reía, pero pues él es hombre y si puede, nomás con que nadie lo vea de frente y a esas horas ¿quién lo iba a mirar?

A la mañana siguiente la enterramos, con hartísimas flores blancas, el aire sabía a primavera y todo parecía de nubes. Después volvimos a lo mismo de siempre y como si nada. Que la vida sigue y que no sé qué.

A la noche ya no hubo vuelta atrás. Todos lo vieron. Andaban en el novenario de Carmen, las señoras, los viejos y del Monte. Se escuchó el chiflido clarito y en el cerro con todo el fuego de sus entrañas, la Bruja.  La mirada se posó sobre ella, la mirada de todos nosotros. En ese momento fue innegable y por mucho que quisieran enterrar la verdad, no pudieron.

 La bruja ardía y revoloteaba por el cielo, su fuego sensual quemaba la milpa y los tejabanes, pude sentir su ardor iluminándome la cara, liberándome de todas mis cadenas, arrastrándome a su fuego, llamándome hacía ella. Me daba miedo, pero me encantaba al mismo tiempo, caí en la cuenta de que mis lágrimas llegaban hasta el suelo, lloraba por Carmencita, lloraba por Doña Martha y lloraba por mí, por todos los dolores acallados que traía dentro.

Todos lloraron, pero muchos sonreían, creo que todos eran igual de infelices que yo, nomás eran mejores para disimularlo. Doña Martha en ningún momento dejó de rezar, hasta que la bruja se fue a posar sobre el gallinero en la casa de del Monte, ahí sí dijo “Ay mija”. El fuego fue como un beso muy dulce, despacito y callado, hasta que no y las llamas alcanzaron las estrellas. Del Monte salió corriendo, pero ni él ni nadie pudieron sofocar ese fuego. La bruja sólo observaba plácidamente desde las alturas hasta que, entre el humo, el fuego y las sobras de la noche desapareció.

Cuando ya aluzaba la mañana lo sacaron de entre los escombros, quemado y tiznado, Arturo del Monte estaba muerto. Mentiría si dijera que no me dio gusto ver su cadáver chamuscado, yo le traía harto coraje y verlo así se supo a trago de victoria, aunque esté mal. Don Señor Del Monte lloraba y gritaba como gritó Doña Martha dos días antes ¿a qué no se siente tan bonito cuando el muerto es de uno? A mí no hay nadie que me quite de la idea, Arturo la mato a Carmen. Él nos la arrebató a todos y la Bruja lo hizo pagar con el dolor de su propia carne.

Mi Ma me pellizcó el brazo y me dijo “quita esa cara y ya métete”, porque la satisfacción se me veía hasta por encima. Pero bien que sé, que no era la única, todos ya lo sabíamos y el fuego de la bruja había desnudado la verdad, una verdad que ya no iba a ser callada. Arturo mató a Carmen y le costó caro.

El 5 de octubre era noche de luna llena, hacía frío y muy lejos se escuchaban las lechuzas. Yo recuerdo que soñaba que corría por el Sabinal, que veía la luz entre los árboles y la perseguía “llévame contigo” le gritaba, “llévame lejos”. Entonces pude escuchar su canto, su voz era dulce y al mismo tiempo filosa, me cortaba, me fileteaba bien adentro. Comenzó a sisear y yo sentí que me sonreía estiré mi mano para tocarla y desperté. Abrí los ojos en la oscuridad, pero todavía la escuchaba, su voz cantando fuera de mi ventana.

Saqué mi cabeza por el marco de la ventana. Pude verla, brillante y cálida, resplandeciendo en el cielo nocturno. En mi cabeza resonando el vozarrón de mi Ma “nomás que te salgas así te va ir” y mis tripas revoloteando “tantito”. Más me tardé en pensarlo que en lo que ya iba descalza por entre los corrales, ni siquiera sentía el frío, yo sólo me dejé llevar por la luz y se me olvidaron mis dolores, casi la pude tocar con mis manos.

Ni veía por donde iba, la luz de la bruja me hipnotizaba, me jalaba y me envolvía en su manto luminoso pa llevarme bien lejos. De seguro ha pensado que yo no soy pa quedarme sola en este rancho. Ya sentía la libertad bajo mis pies cuando azoté contra una pila de leña. Mi piel se rasgó y me astillé la espalda. Ahí lo vi, jadeando, sudando y mirándome fijo, Juan, el de los García. “a dónde crees tú que vas, así como alma en pena a media noche. Pareces loca”. Ni le contesté, me paré como pude y traté buscar la luz de la bruja, vi que estaba llegando a la nopalera camino al cerro, miré por doquier pero no la vi. Juan me jaló y trató de arrastrarme de regreso. Resistiéndome le dije “yo a ti no voy a darte explicaciones de nada ¿qué carajos te importa lo que yo haga?”. “Ya ves cómo eres, siempre bien arisca y altanera, pareces mula. Si no es porque yo te ando cuidando quién sabe qué te pudo pasar, ándale ya no seas así, vámonos que aquí está bien embrujado” dijo. “Ya te dije que yo contigo no voy a ni un lado, vete tú, no tengo ni una necesidad de que me anden cuidando y menos tú.” Contesté “ah, pero al rato que te mueras igual que la Carmela sí van andar chillando” replicó escupiendo de coraje, “yo voy y me muero donde quiera el día que me venga en gana, a ti ni te va ni te viene, eso es asunto mío”. 

Este pleito Juan García y yo lo traemos desde hace buen rato, no entiende por las buenas y por las malas menos, parece que mientras más le digo que no más se empeña en andar tras de mí. Empezó desde que yo cumplí doce y desde el principio yo he sido bien clara, a mí no me interesa, pero necio que es, todos los días pasa al puesto y saluda, le hace plática a mi Ma y le lleva un pulque a mi Pa. Todo para que a mí me digan que soy remala, que me siento como si juera de oro y que gracias via de dar que Juan me mira, porque su familia tiene hartas tierras, que porque no es nada feo, es bien trabajador y porque me quiere “bien” y me va a tener “bien”, que eso ya quisieran otras. Pos que se lo vaya a dar a esas otras que yo no quiero nada, pa que nomás me encierre y me tenga de su criada, para que yo tenga que hacer lo que él dice, además él ya está más grande, se pudo encontrar a alguien de su edad pa casarse, si no lo ha hecho a sus 25 años es por algo. “Que te vienes conmigo ¡chingada madre! Terca, terca como piedra de cueva” me gritó mientras a jalones me cargaba, sentía que sus manos me cortaban la sangre de las manos. Por mucho que pataleé y me resistí no me pude soltar, traté de gritar, el sonido no me salía, luché con mi fuerza, pero parecía inútil, parecía yo cuarterón de frijoles, es que él más alto y más fuerte.

Me dejó caer hasta el suelo, sentí mi corazón rebotando contra mis costillas, me aturdí poquito y ahí vi que no estábamos ni cerquita de mi casa, estábamos en un silo de piedra que está del otro lado de la milpa. Estaba bien oscuro y hacía frío, podía ver su silueta en la puerta, para luego cerrarla tras de sí. Traté de pararme, pero me resbalé con los forrajes de sorgo que estaban bajo mío, sentí mucho miedo, traía el corazón en cogote y las manos heladas. Lo escuché cerrar la puerta con llave y se me salieron las lágrimas, ahí ya no veía nada, sentí su mano en mi mejilla y los labios en mi oreja “ay chula contigo nunca nada es fácil, nomás porque me gusta que eres bien rejega, brava y remilgosa como tú sola”.

 Con una mano me sostuvo ambas muñecas por encima de la cabeza, me recargó contra la pila de sorgo y la otra la metió bajo mi camisón, me manoseaba las piernas, empezó a lamerme las lágrimas de la cara y sentía sus jadeos en mi cuerpo. Subió hasta mis senos y los apretujó bien fuerte hasta que pujé de dolor. Ya lo sentía trepándoseme encima, su aliento sucio, las gotas de su sudor puerco y sus labios en mi cuello, trató de besar mis labios y me volteé la cara, me agarró la mandíbula con mucha fuerza, me besó a la fuerza y me mordió la boca. Yo no dejaba de llorar, tratando de irme a otro lado, rezándole a la bruja para que bajara y quemara todo con nosotros adentro. “Nomás pa que no digas que soy malo contigo. Yo sí te quiero bien, pero mira tú lo que me haces hacer, todo por necia. Pero vas a ver que cuando nos casemos hasta te va gustar”. Y me soltó.

Abrió la puerta despacio, no se dio cuenta ni como yo salí corriendo. Corrí y corrí, sin importar que las plantas de mis pies se fueras despedazando, traía la cara roja y la panza revuelta, hasta sentí que salí del agua para tragar aire cuando vi mi ventana abierta y me metí. A esas horas ni me dolía nada, aunque me hice jirones las plantas de los pies, me sangraban los codos y la boca y mi cara una revoltura de mocos, mugre, lágrimas y saliva. Lloré y lloré y lloré hasta que las lagrimas no me salieron. Entró mi Ma, de un encabronado que no había visto nunca. Me gritó, me cacheteó y me dijo hasta de lo que me iba a morir, todo para rematar con un “¿qué pensaría Juan nomás de mirarte como vienes?” sentí que la sangre me hervía tanto que, si tocaba algo lo quemaba “Bien que sabe cómo vengo ¿pos tú quién crees que me dejó así? Ya sé, ya sé que al rato que me mate nomás va ser mi culpa, al rato me mata y de todo voy a tener la culpa yo. El santo es él, que por accidente se le va ocurrir matarme”.

Mi Ma sólo se me quedó viendo sin decir nada, se salió del cuarto y la oí hablarle a mi Pa. No mucho ni muy fuerte, todo se hizo silencio. Traía harta rabia, quería escupir y envenenarlos a todos, quería volverme fuego y quemar la casa con todos adentro, quería ver sus cráneos crujir en las llamas, quería que el veneno de mi boca quemara a Juan por dentro, sacarle los ojos y romperle todos los huesos, hacer que se tragara sus propios huevos y verlo asfixiarse con ellos. De haber podido sacarme la rabia el cuerpo acababa matando a todo el rancho.

No sé si de tanto llorar me quedé dormida, no sé si lo soñé o lo escuché de verdad, pero la oí, oí su lamento, era suave y agudo, dolorido y a la vez consolador. Percibía mi dolor, todo lo que revolvían los pedazos que quedaban de mí, dentro de mi alma. Abrí los ojos y la vi frente a mí, bellísima envuelta en luz azul, con sus manos sujetó mis hombros y lloró, lloró desde sus entrañas, sus lágrimas eran pececillos que nadaban por la negrura de la noche. Mi dolor era suyo y su llanto el mío, me hablaba sin decir palabra con el brillo de sus ojos. Era como si dijera “No estás sola”.  Se alimentó de mi dolor, se apropió de mi rabia, la hizo suya y la volvió fuego, la transformó en flamas.

“Al anochecer” dijo sin decir, “al anochecer”.

Abrí los ojos y volví a mi cama, a mi cama, a mi cuerpo. “Al anochecer” me dije en voz alta.

Ya estaba muy entrada la mañana, calenté agua en el fogón para bañarme, me sentía sucia y despellejada, me saqué las astillas de los pies, me quité las piedras encarnadas de los codos y me eché aguardiente que me escoció la boca, ni me dolía, no me dolía nada de lo que me dolía adentro, en el pecho, en las tripas. Todos me veían, pero hacían como que no estaba, que era transparente y nunca existí. Ni mi Ma, ni mi Pa ni Claudia ni Manuel, yo no estaba ya en este mundo, me pude haber evaporado a esas horas y ni así me vieran volteado a ver. Me senté en una banca en el patio, me dio no sé qué por tejer. Las pocas flores que quedaban atraían a las monarcas y a las abejas, los pájaros cantaban desde el mesquite y por momentos me sentí menos rota.

Y que cuando menos lo pienso, ese cabrón viene y se me para enfrente. “No te pongas así chula, cometimos errores. Ya no te enojes conmigo, te ves más bonita contenta”. Me quedé atónita, sentía un zumbido agudo opacándolo todo, me temblaban las manos y sentía todo el ácido de mi rabia emanando de mi cara. El calor se me bajó a las manos y yo nomás lo veía y lo miraba, es que casi no me la creo, tiene el descaro de venir a pararse frente a mí, de meterse a mi casa ¡tiene el descaro de mirarme a la cara!¡de traerme flores! El fuego me punzaba, me quemaba, me ardía. La sangre se me hizo lumbre y ya no me interesó contenerlo.

Me incendié, las manos se me prendieron y las llamas se me hicieron garras. De una bofetada dio hasta el suelo, ardió mientras yo lo miraba, mi fuego le derritió media cara, hasta que casi se le veía el hueso, así como se deshace la manteca en el fogón. Sus gritos me supieron a música, creo que hasta estaba sonriendo. El alarido dolorido violó el silencio aprisionante, así como Juan me violó mí. No importaba nada más, a penas así Juan sentía lo que él me hizo sentir a mí.

CARTAS A MARÍA: CARTA DIECIOCHO

  Carta 18 Septiembre 29 Haberte conocido María, ha sido un calvario. La peor de todas las bendiciones, la mejor de las maldiciones. Peniten...